Todos los síntomas de la menopausia están relacionados con la disminución del nivel de estrógeno. Además de a la preparación del endometrio, el estrógeno puede afectar al humor, a la regulación de la temperatura y al metabolismo
.
Los síntomas conocidos de la menopausia son:
Sofocos y transpiración
Súbitamente la mujer siente calor y comienza a sudar. Suele iniciarse en los brazos o la barriga y se extiende por los brazos al rostro, el pecho y la barriga. Los sofocos van seguidos de una profusa transpiración. Cuando el sudor se evapora, se siente frío. Los sofocos pueden durar entre medio minuto y varios minutos en algunas mujeres.
Sudoración nocturna
Sudores repentinos durante la noche pueden causar que se despierte, y descubra que está empapada en sudor. Volver a dormise puede convertirse en una tarea difícil. En ocasiones se deben incluso cambiar las sábanas e incluso despertar a su pareja, hechos que perturban el sueño.
Palpitaciones
La palpitación es la toma de conciencia del latido del corazón, ya sea muy lento, muy rápido, irregular o a su frecuencia habitual. Las palpitaciones pueden ser muy desagradables y pueden llegar a alarmar.
Alteraciones del humor
Muchas mujeres ya están familiarizadas con los efectos del estrógeno en su humor. Las alteraciones del humor son habituales durante el periodo menopáusico: puede experimentarse irritabilidad, fatiga, pérdida de memoria y disminución de la líbido. En el periodo menopáusico, algunas mujeres sufren depresión, aunque su origen no está claro. Además de los cambios hormonales, hay otros acontecimientos vitales que pueden repercutir en el humor. No obstante, el descenso del nivel de estrógeno también tiene consecuencias permanentes que no pasan con el tiempo, por ejemplo:
Sequedad de la vagina y el tracto urinario
El descenso del nivel de estrógeno reduce el flujo sanguíneo pélvico. Por tanto, la secreción vaginal originada por la excitación sexual disminuye, lo que puede causar dolor durante las relaciones sexuales. Además, la pérdida de grosor de las membranas mucosas hace que la vagina y el tracto urinario sean más susceptibles a las infecciones. Eso puede causar picor.
Incontinencia urinaria
La mitad de las mujeres experimenta pérdidas involuntarias de orina tras la menopausia debidas al cierre insuficiente del esfínter
y empeoradas por un posible “descolgamiento” de la vejiga. La pérdida de orina está relacionada con un aumento de la presión intraabdominal que puede producirse al toser, reír o levantar cargas pesadas. Algunas mujeres se quejan de “incontinencia urinaria de urgencia" o de "vejiga hiperactiva": una súbita necesidad de orinar que algunas veces es tan fuerte que no hay tiempo de llegar al baño. Se puede conseguir alivio con el “entrenamiento de la vejiga”, que intenta fortalecer el suelo pélvico
. En casos graves se necesitará una intervención quirúrgica para “levantar” la vejiga.
Aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares
Las mujeres premenopaúsicas suelen tener menos riesgo de desarrollar problemas cardiovasculares que los hombres de la misma edad. Pero después de alcanzar la menopausia, esta diferencia entre hombres y mujeres desaparece. Los estrógenos tienen un efecto cardio-protector, el descenso de la producción de estrógenos puede derivar -entre otros efectos - en el descenso del nivel del colesterol 'bueno' y en el aumento del nivel de colesterol 'malo'
Si usted ya tiene el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular (ej.: hereditario, altos niveles de coleterol), es importante prevenir para disminuir dicho riesgo.
Osteoporosis
La osteoporosis puede considerarse una disminución de la masa ósea. Los huesos pierden calcio, masa y son más susceptibles a las fracturas. Este trastorno puede desembocar en fracturas espontáneas de los huesos o en el encogimiento de la columna vertebral.
El dolor de los huesos es habitual en pacientes con osteoporosis. Durante los 30 primeros años de vida, los huesos se fortalecen y su contenido en calcio aumenta. Después de los 30, la modificación del equilibrio hormonal hace que el contenido en calcio disminuya rápidamente. Tras la menopausia, el descenso es aún más acusado.