La menopausia está asociada a una variedad de síntomas físicos y emocionales. Aunque exista la posibilidad de ser una de las pocas afortunadas sin síntomas, la gran mayoría de las mujeres presenta algunos síntomas de menopausia. Hay diversos factores que contribuyen a ello, por ejemplo:
- Quejas físicas asociadas a la disminución de la producción de estrógenos: sofocos, palpitaciones, infecciones vaginales…
- Efectos psicológicos como cambios de humor, pérdida de memoria o incluso depresión.
- Palpitaciones que en algunas mujeres pueden ser causadas por el pánico.
- Sudores nocturnos que pueden deteriorar el sueño y provocar fatiga.
- Disminución de la líbido y dolor durante las relaciones sexuales, lo que puede influir en la relación con la pareja.
- Pérdidas de orina que pueden resultar embarazosas y hacer que la mujer se abstenga de participar en actividades sociales.
- Fracturas óseas o dolor debidos a la osteoporosis que pueden reducir la movilidad.
- Sentimiento de “inutilidad” al enfrentarse súbitamente a la pérdida de la fertilidad.
- Otros síntomas de envejecimiento, como la pérdida del tono de la piel o el color del cabello, que pueden aparecer de forma simultánea y refuerzan la idea del envejecimiento.
- Otros acontecimientos vitales.
No dude en hablar con su médico, sus amigos o familiares acerca de los problemas que experimente. El hablar con otras mujeres de su edad puede ayudarle a enfrentarse a este periodo de cambio en su vida.
Cómo mantenerse en buen estado
Sin duda, el ejercicio es la terapia alternativa más importante para las mujeres durante la menopausia. El ejercicio ayuda a controlar el cuerpo y las emociones mediante recursos internos. Un mínimo de cuatro sesiones de ejercicio de 30 minutos a la semana puede ser suficiente para "recargarse" de estrógeno.
A medida que una mujer envejece, su capacidad cardiorespiratoria, fortaleza y flexibilidad disminuyen, pero el declive es más lento en las personas que se mantienen activas.