Causas de las infecciones fúngicas

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Introducción a las infecciones fúngicas

Síntomas de las infecciones fúngicas

Causas de las infecciones fúngicas

Diagnóstico de las infecciones fúngicas

Tratamientos disponibles

Preguntas más frecuentes



Obviamente, las infecciones fúngicas están causadas por la contaminación con hongos. Las esporas son la forma reproductora del hongo; se pueden comparar con las semillas de una planta. Son muy resistentes a las influencias externas y, por tanto, pueden sobrevivir de forma casi invisible cuando su cuerpo de crecimiento ya ha desaparecido por completo. Además, los hongos como tales no son contagiosos, pero las esporas se pueden transmitir de una persona a otra y provocar una infección fúngica en la última.
Por eso, el tratamiento debe aspirar a eliminar las esporas por completo; de lo contrario, pueden reaparecer pasado un tiempo o contaminar a otras personas.

Normalmente, los hongos y las levaduras no son peligrosos. Sólo surgen problemas cuando nuestra resistencia está debilitada. En los seres humanos y los animales, los hongos aprovechan la oportunidad cuando la piel está rota o nuestra resistencia está debilitada a causa de una enfermedad o medicación.


Infecciones fúngicas de la piel

¿Cómo se introducen los hongos en la piel? Muy fácilmente. Una infección fúngica produce esporas. La piel infectada se descama y esas escamas contienen esporas. Si se entra en contacto con las escamas y la piel no se encuentra en las mejores condiciones, las esporas pueden provocar una nueva infección fúngica.


Es posible contraer una infección fúngica en los pies si se camina por una superficie húmeda en la que haya andado mucha gente descalza, p. ej. una piscina, unas duchas, una sauna, etc… Ésta es la razón por la que este tipo de infección de la piel se conoce como “pie de atleta": suele afectar a personas que practican deporte.

Otro posible origen de infecciones de la piel son las escamas de los animales domésticos. Es posible que no note que un animal tiene una infección fúngica, sin embargo, bien podría infectarle. Las infecciones fúngicas que afectan al cuello de los niños suelen ser debidas al roce con cobayas u otros animales domésticos. Las personas que pasan mucho tiempo con caballos pueden contraer infecciones fúngicas en el rostro originadas por el cepillado de los animales.


Infecciones fúngicas de la boca y el esófago

Los hongos y las levaduras suelen pertenecer a la flora normal de la boca y el esófago, lo que significa que pueden desarrollarse en silencio y en equilibrio con otros microorganismos, como las bacterias, en las membranas mucosas sin causar ningún daño.
El problema surge cuando nuestra resistencia está baja. Podría ser el caso tras una gripe fuerte, la quimioterapia o un tratamiento con medicamentos inmunosupresores, p. ej. tras un trasplante. Frecuentemente, una infección fúngica en la boca es el primer signo de la aparición del SIDA, la enfermedad que afecta al sistema inmune. En conclusión, una infección fúngica suele ser un problema añadido para las personas que ya sufren otras enfermedades.

Aparte de estas enfermedades más graves, las personas con dentadura postiza también son susceptibles de contraer infecciones fúngicas. Si la membrana mucosa de la boca está gastada, el hongo tiene muchas más posibilidades de prosperar, razón por la que las personas con dentadura postiza suelen tener candidiasis oral. El hongo puede incluso encontrarse en la propia dentadura postiza, con lo que infectaría la boca repetidamente.

La candidiasis es también muy frecuente en los bebés. Suelen infectarse con Candida en el cuello uterino, pero también por contacto con las manos de los adultos. Dado que el sistema inmune de un bebé no está aún totalmente desarrollado, Candida puede atacar de una forma más eficaz.


Infecciones fúngicas de la vagina

La razón más habitual de las infecciones fúngicas de la vagina es un “desequilibrio” de la flora vaginal. Sin razón aparente, aumenta la cantidad de una de las bacterias que está siempre presente en la mucosa sin causar ningún daño y domina al resto de los microorganismos, lo que provoca un desequilibrio. Suele ocurrir con los “estafilococos”, bacterias esféricas. La membrana mucosa de la vagina normalmente se autoprotege mediante su pH ligeramente ácido. Es posible que el desequilibrio se produzca a causa de una disminución repentina de la acidez o por el uso de demasiado jabón en la higiene cotidiana. La causa aún está por determinar. Lo que sí se sabe es que el jabón disminuye la acidez de la zona y que el esperma también lo hace. Un DIU o espiral incrementa las posibilidades de un aumento de la cantidad de bacterias.



Pie de Atleta

El pie de atleta (tinea pedis en la terminología médica) no afecta únicamente a los atletas. De hecho, se trata de una infección fúngica muy común que se produce entre los dedos de los pies y que es muy contagiosa. Una persona se puede infectar sólo con usar un vestuario común o por compartir una toalla. Si no se trata, se puede extender a las plantas y los lados de los pies y a las uñas. El pie de atleta puede complicarse aún más con una infección bacteriana, acompañada de un olor desagradable.

Los signos y síntomas suelen incluir:

  • Agrietamiento y descamación de la piel situada entre los dedos de los pies
  • Inflamación
  • Áreas de piel blanca muerta
  • Humedad o ampollas
  • Picor o dolor


El pie de atleta debe tratarse tan pronto como se noten los primeros signos de infección. La piel suele inflamarse y picar, presentar zonas de “piel muerta”, humedad o ampollas y agrietamiento o descamación. Es importante tratar la zona infectada con rapidez y de forma minuciosa.

Existe una amplia gama de productos en spray, cremas y polvos antifúngicos para el pie de atleta.
cuando se haya librado del pie de atleta, es muy fácil volver a infectarse. Es importante recordar que los hongos que causan el pie de atleta se desarrollan en ambientes cálidos y húmedos. Por tanto, es importante secarse cuidadosamente tras un baño, especialmente entre los dedos de los pies. Los hongos pueden vivir en los zapatos, los calcetines y las toallas si no se cambian con la suficiente regularidad. Se deben utilizar calcetines de algodón de buena calidad que permitan a los pies transpirar y asegurarse de lavarlos a 60° C a fin de destruir las esporas fúngicas. Los remedios antifúngicos también se pueden aplicar a los pies, los calcetines y los zapatos para evitar una nueva infección.


Infecciones de los órganos internos

Las infecciones fúngicas pulmonares y sistémicas están causadas en su mayoría por los hongos Aspergillus. Las esporas de Aspergillus son habituales en nuestro entorno y las infecciones pueden ser letales, especialmente para aquellas personas con un sistema inmunológico deprimido.

Hay elevadas concentraciones de estas esporas en las obras y demoliciones, en los sótanos, en los establos húmedos, en las jaulas y gallineros y en los almacenes de cereales. También se encuentran en fundas de muebles, papel de pared, muebles de caña, abonos y polvo doméstico.