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EL CONCEPTO DEMENCIA


Drs. Pérez Trullén, J.M. y Vázquez, M.L.
Neurologo y Psiquiatra. Hospital Royo Villanova. Zaragoza

El primer planteamiento que debemos tener al enfrentarnos a un proceso morboso es saber que entendemos por el mismo; cual es su definición, saber con exactitud a qué hacemos referencia y a qué no cuando utilizamos un determinado término.

En relación con el déficit intelectual se han utilizado muchos términos, imprecisos y con escaso significado, que eran utilizados con anterioridad (morosis, dotage, vesania, insania, stultitia, etc.) pero actualmente persisten fundamentalmente dos de ellos para hacer referencia a los dos procesos más representativos en función del momento de aparición; la oligofrenia y la demencia.

La primera vez que aparece el término demencia es con Cicerón (106-43 a.C) en su obra Las Tusculanas (Animi afectionem lumine mentis carentem nominaverunt amentianm eandemque dementiam), incorporándose a la terminología médica de la mano de Aulo Cornelio Celso (53 a.C.-7 d.C.) y de Galeno (129-200). La palabra demencia (dementia), etimológicamente "ausencia de pensamiento", ha tenido múltiples intentos, más o menos certeros por fijar su definición y limitar su significado antes incluso de su desarrollo en el lenguaje neuropsiquiátrico por F. Pinel quien la definió como "incoherencia de las ideas y debilidad de las funciones mentales" aunque la base del concepto actual de demencia se la debemos a J.E. Esquirol (1772-1840), discípulo de Pinel, quien en su libro Des maladies mentales considerées sous les rapports médical, hygiénique et médico-legal (París, 1838) la definió como "afección cerebral, normalmente sin fiebre y crónica, caracterizada por un debilitamiento de la sensibilidad, de la inteligencia y de la voluntad; siendo los signos de esta enfermedad la incoherencia de las ideas y la falta de espontaneidad intelectual y moral. Demente es aquel que carece de la facultad de percibir convenientemente los objetos, encontrar sus relaciones, con alteración completa de la memoria, todo ello da lugar a la imposibilidad de razonar apropiadamente".

El término demencia se opone al de senescencia al implicar este último la involución fisiológica más general que acontece con el envejecimiento y que puede afectar también a la función intelectual y por tanto supone un proceso natural de envejecimiento. No obstante, aunque la senescencia asocia inevitablemente una serie de alteraciones psíquicas y orgánicas que repercuten sobre la integridad mental del sujeto anciano y sobre su adaptación a la vida de relación, no se produce en el grado de considerarla una demencia. Entre la demencia propiamente dicha y la senescencia entendida como involución fisiológica existe un abanico de entidades de mayor o menor severidad y que no pueden ser integradas en ninguno de estos dos últimos términos siendo los dos procesos más importantes el Deterioro Senil Benigno de Kral y el Deterioro de Memoria Edad-Dependiente y actualmente el de Deterioro Cognoscitivo Leve, aunque para algunos autores este último término sería el equivalente de una demencia leve. Para evitar este problema, Ey (1992) había propuesto los términos debilitamiento intelectual o demencial y más tarde Hachinski (1991) propuso el término dismentia (del griego dys, alterado y del latín mens, mente) para sustituir al de demencia ya que según este autor este último vocablo tenía una serie de desventajas al considerar una clara dicotomía fisiológico-patológico y no recoger las situaciones existentes entre lo fisiológico (senescencia) y lo claramente patológico (demencia), considerando que toda definición de demencia que tenga un caracter categorial (demencia sí o no) conlleva una distorsión de la realidad. Incluso Wells (1978) ya había considerado con anterioridad que la demencia era un amplio continuum de disfunción cortical variable que oscila desde una escasa desviación respecto a lo normal hasta la virtual muerte cerebral o más recientemente, Brayne (1988) que existe un claro continuum entre el envejecimiento normal y la demencia, estanto entre ambas los olvidos benignos de la senescencia. Aunque autores como Berg (1985) van más allá y establecen que el envejecimiento normal del cerebro representa formas muy leves o subclínicas de demencia; formas frustas de demencia y/o una demencia con evolución muy lenta, existiendo un continuum entre el envejecimiento y la demencia.

Existen múltiples definiciones del término demencia desde las más sencillas e inespecíficas como "deterioro mental orgánico", "marcado declinar del nivel intelectual previo del sujeto con frecuente apatía emocional", "déficit progresivo de la actividad mental, en ausencia de alteraciones de la conciencia, secundario a una patología cerebral orgánica y que ocurre en la edad adulta" (Bracco, 1985), "declinar de la memoria y de otras funciones cognitivas, en comparación con el nivel previo de dichas funciones en el paciente y determinado por la historia, la exploración clínica y los test neuropsicológicos" (McKhann, 1984), "deterioro de múltiples habilidades cognoscitivas que exceden al declinar esperado con el envejecimiento y que ocurre en un estado de conciencia clara" (Chui, 1989), "afectación global de las facultades intelectuales, emocionales y conativas del individuo en un estado de conciencia no alterado" (Roth, 1980), "debilitamiento psíquico profundo, global y progresivo, que altera las funciones intelectuales y desintegra las conductas sociales" (Ey, 1992), etc. Las dos definiciones más admitidas son las del CIE-10 y la del DSM. El CIE-10 define la demencia como "síndrome debido a una enfermedad del cerebro, generalmente de naturaleza crónica o progresiva, en la que hay déficits de múltiples funciones corticales superiores, entre ellas de la memoria, el pensamiento, la orientación, la comprensión, el cálculo, la capacidad de aprendizaje, el lenguaje y el juicio" pero la definición más completa y aceptada es la del DSM-III-R que considera que la demencia es un "síndrome mental orgánico caracterizado por un déficit de la memoria a corto y largo plazo, asociado a un deterioro del pensamiento abstracto, de la capacidad de juicio, y otras alteraciones de las funciones corticales superiores o a cambios de personalidad, siendo esta alteración suficientemente grave como para interferir de forma significativa con las actividades laborales y sociales y las relaciones interpersonales". Ambas definiciones, tanto la del CIE-10 como la del DSM tienen una gran fiabilidad y utilidad para el diagnóstico de la demencia, incluso para estudios transculturales.

Otros términos usados como sinónimos de demencia han sido abiotrofia (debido a Gowers para indicar la decadencia inesperada y prematura de un determinado tejido o población celular), amencia (se usó en referencia tanto cuando la causa del déficit intelectual era congénita como para referirse a la demencia propiamente dicha. Por ello, y para evitar errores de interpretación, fue abandonado a finales del siglo XIX), psicosis orgánica (Bleuler, 1916), síndrome orgánico cerebral (Fisch, 1968), parakepsia (Jarvik, 1982), dismentia (Hachinski, 1991), etc. Sin embargo, el número de sinónimos inespecíficos empleados, a lo largo de los años, para hacer referencia a la demencia ha sido más amplio: degeneración cerebral senil, psicosis atrófica senil, involución cerebral senil, síndrome psicorgánico de la senilidad, Psicosis Senil, Deterioro Cerebral Orgánico, etc.

En la actualidad entendemos por demencia al síndrome orgánico adquirido que ocasiona, en un paciente consciente, un deterioro persistente, global y severo de las funciones intelectuales que repercute sobre las actividades sociales o laborales del paciente. Podemos desglosar esta definición para explicarla:

Síndrome

Es importante remarcar la ausencia de una simple condición llamada demencia ya que con este término indicamos el existencia de un cuadro o complejo sindrómico o usando la terminologia de Ey "estados demenciales". Hablamos de síndrome dado que este concepto hace referencia a un conjunto de síntomas y signos que aunque pueden aparecer independientemente usualmente concurren juntos en un determinado proceso, demencia en este caso, y que pueden ser causados por diversidad de etiologías, a diferencia del vocablo enfermedad que implica una entidad nosológica concreta con una fisiopatología definida y en muchos casos con una etiología conocida, indicando un mayor grado de especificidad que el concepto de síndrome. El CIE-10, aunque defiende el concepto de demencia como síndrome, añade que es una enfermedad ("síndrome debido a una enfermedad del cerebro...") con lo que establece un claro error y ambiguedad en su definición, sobre todo al utilizarlo en singular, siendo mejor la aplicación de términos como proceso o alteración cerebral dado que aunque en unos casos sí que obedece a determinadas enfermedades, ésto no siempre ocurre de este modo. El hecho de ser la demencia un cuadro plurietiológico, existen más de 150 causas que pueden ocasionarlo, reafirma esta consideración sindrómica.

El término demencia es inespecífico en la medida que no implica ni una etiología ni una patología específica haciendo únicamente referencia al aspecto clínico que es el eje central de este síndrome, es decir, un conjunto de síntomas y signos. Aunque en el concepto tradicional se llegase a identificar demencia y demencia senil, a pesar de existir toda una serie amplia de procesos de inicio claramente presenil que son independientes y no coexisten con el periodo senilenfoque antiguo se identificó la demencia como un problema relacionado con el envejecimiento.

Grossi propuso en 1979 un criterio más riguroso de definición del término demencia al considerar que debería ser sólo utilizado para referirse a las demencias de causa degenerativa (Alzheimer, Pick, etc.), reservando la expresión de síndrome demencial para todas las demás. Por el contrario, Hachinski (1991) sugería ampliar este concepto nominal, no sólo a lo que actualmente conocemos como demencia sino también a esas situaciones existentes entre lo fisiológico (senescencia) y lo claramente patológico (demencia), mediante la utilización del término dismentia.

Orgánico

El término demencia integra únicamente a aquellos cuadros de alteración cognoscitiva debidos a una etiología orgánica, reflejando la afectación más o menos difusa de determinadas estructuras cerebrales lo que permite la exclusión de los procesos de afectación intelectual causados por patología psiquiátrica, sobre todo depresión, y que son denominados pseudodemencia dada la similitud clínica entre ambas. La posibilidad de que un paciente con demencia pueda presentar alteraciones psiquiátricas, de forma asociada, como antecedentes o dentro de la propia evolución del cuadro clínico, dificulta en ocasiones el diagnóstico. Puede existir una discrepancia organo-clínica, es decir, que la relación entre el cuadro clínico y las alteraciones orgánicas que lo producen sea aparentemente inexistente de modo que esta asociación puede llegar a parecer hipotética o casual. Por ello, esta organicidad en unos casos resultará evidente y se encuentra el daño cerebral mientras que en otros simplemente se asumirá. El ICD-10 establece no solo la necesaria organicidad sino que es, lógicamente, a nivel cerebral. Esta connotación de organicidad necesaria obliga a la búsqueda de una alteración a nivel bioquímico, fisiológico o morfológico que nos permita la realización de un diagnóstico más sensible, específico y precoz a la vez que explicar los mecanismos fisiopatogénicos implicados en los sucesivos procesos.

Adquirido

El concepto de adquirido nos permite diferenciar la demencia de las formas congénitas de deterioro cognoscitivo (oligofrenia) y refuerza la existencia previa de un nivel cognoscitivo y de adaptación normal. Sin embargo, en propiedad no deberíamos restringir la demencia a un trastorno adquirido en tanto que existen procesos congénitos, es decir, ligados a la herencia o alteraciones genéticas no hereditarias cuyo cuadro clínico se manifiesta tardíamente, muchas veces durante el período adulto, cuando el paciente ya ha alcanzado un desarrollo psicomotor completo. Este término adquirido tiene todo su valor si prescindiendo del aspecto etiológico lo empleamos para designar los procesos que cursan con deterioro de las funciones intelectuales tras haberlas desarrollado previamente, es decir, aparece en el curso de la vida del paciente con independencia de la etiología.

Hablamos de oligofrenia (oligo-phrenia) cuando no se llegan a adquirir, en grado suficientemente aceptable, las facultades intelectuales propias de la edad cronológica, o bien existe una pérdida de estas facultades antes de que se haya completado el desarrollo intelectual. Es decir, es un síndrome plurietiológico caracterizado por la falta o retraso en el desarrollo de la actividad personal y psíquica. El límite que impone esta definición da lugar a una imprecisión de este término dado que ¿cuándo podemos decir que ha finalizado o se ha completado el desarrollo intelectual?, ¿se consideran unas capacidades básicas o situamos como límite una edad concreta?. La decisión es bastante subjetiva. Los términos retraso mental y subnormal son todavía más imprecisos y aunque todos ellos han adquirido tristemente un matiz peyorativo en el lenguaje coloquial se sigue prefiriendo la utilización del término oligofrenia porque evita toda referencia al concepto de "normalidad" (como subnormal) que es completamente subjetivo, mientras que el término oligofrenia remarca más el aspecto central del síndrome, la alteración mental.

Deterioro

Implica la existencia de un cambio, de un grado de afectación o de pérdida de las funciones intelectuales del sujeto desde un nivel previo. Es decir, existe una regresión, no un defecto del desarrollo intelectual y en consecuencia será necesario conocer el estado intelectual previo del sujeto, analizar las funciones intelectuales del paciente en un momento determinado en comparación con la situación intelectual anterior del mismo. Este concepto refuerza el que la demencia no sea considerada un proceso congénito o de alteración cognoscitiva precoz (oligofrenia). Ello no es incompatible con el hecho que la demencia pueda afectar tanto a personas con un CI (Cociente Intelectual) previo normal o anormal como en el caso del Síndrome de Down en el que se ha observado el desarrollo de un cuadro de demencia con su envejecimiento, ya que la definición no implica que el deterioro sea desde una situación normal sino simplemente respecto de la situación previa del individuo y que esta afectación repercuta sobre las actividades que con anterioridad podía ejecutar. Esta posibilidad no está en contradicción con lo referido previamente en la explicación de adquirido sino que la refuerza y complementa.

Persistente

El diagnóstico de demencia conlleva la persistencia o cronicidad del deterioro, es decir, la ausencia de temporalidad dado que la existencia de una transitoriedad excluye el diagnóstico de demencia, pero sin implicar irreversibilidad ya que la persistencia del cuadro está en base a la etiología y a la eficacia de la aplicación de un tratamiento oportuno al existir formas reversibles y no reversibles de demencia aunque más propiamente deberíamos hablar de formas tratables, que se pueden subdividir en reversibles e irreversibles, y formas no tratables. En consecuencia, sólo deberían ser consideradas únicamente como demencia las formas persistentes en la medida que a ellas no se les aplique un tratamiento aunque en ocasiones se han usado criterios más estrictos que afirman que sólo se debe usar el término demencia para las formas irreversibles. Este concepto de demencia sólo tiene implicaciones sobre la evolución, no sobre la forma de presentación que puede ser aguda, subaguda o crónica. La persistencia del cuadro clínico, en ausencia de tratamiento, para que sea considerada una demencia, debe ser de al menos 3-6 meses (el ICD-10 establece al menos 6 meses para evitar confusiones) y aunque este criterio no está totalmente aceptado nos facilita la distinción entre la demencia y los cuadros de deterioro mental transitorio como el Síndrome Confusional Agudo que es fluctuante y reversible y con el que debemos hacer diagnóstico diferencial. No obstante, existen formas de demencia de aparición aguda o subaguda en las que lógicamente no es necesario esperar esos meses para establecer que el deterioro se debe a una demencia. Sin tratamiento el cuadro no retrocede sino que se mantiene (formas estáticas) o progresa (formas dinámicas o progresivas). Por ello incorporamos otros dos conceptos a esta definición:

  • Estático. En tanto en cuanto una lesión en determinada área cerebral puede producir un cuadro demenciante no evolutivo (ej. un accidente cerebrovascular). Esta forma no evolutiva es menos frecuente que la progresiva dado que el propio envejecimiento asociado aumenta el deterioro sobre la afectación preexistente. Gottfries (1985) no considera esta posibilidad dado que para él todas las formas son progresivas.
  • Progresivo. Queremos indicar que sin el tratamiento adecuado, o incluso a veces con él, puede evolucionar hacia una afectación más global y severa. Aunque con anterioridad, según el DSM-III-R, el término demencia implicaba un curso progresivo e irreversible, en la actualidad la definición de demencia se debe realizar sólo en base a los síntomas clínicos y no respecto a connotaciones evolutivas o pronósticas aunque el ICD-10 remarca que la demencia es de naturaleza crónica y progresiva. Este concepto no se opone sino que completa a los de reversible o irreversible los cuales indican únicamente una respuesta adecuada al tratamiento. La demencia tiende espontáneamente hacia la agravación progresiva y la decadencia psíquica terminal no considerándose según el ICD-10, la posibilidad de formas estáticas de demencia. Esta progresión puede ser continua o intermitente (oscilante). El tipo de progresión nos puede sugerir el diagnóstico clínico ya que p.e. la evolución progresiva fluctuante es típica de la demencia vascular mientras que cuando esta progresión es más uniforme sugiere una demencia degenerativa primaria (Enfermedad de Alzheimer, Pick, etc.).

Global

La existencia de un déficit global o difuso de las funciones cognoscitivas, afectando al menos a dos áreas intelectuales (siendo una de ellas la memoria) que se acompaña generalmente de alteraciones de la conducta y del estado de ánimo, permite diferenciar la demencia de los cuadros de alteración cognoscitiva focal como son la afasia progresiva, la apraxia progresiva, la amnesia, etc. El fallo mnésico se considera que debe existir en todos los cuadros de demencia ya que suele ser el más precoz y persistente de los síntomas clínicos. La necesidad de la existencia de esta afectación global fue enfatizada desde el primer momento y posteriormente remarcada por el DSM-III-R. Estos pacientes pueden asociar otros múltiples síntomas que aunque no son patognomónicos ni obligatorios del síndrome demencial si que permiten en algunos casos orientar el diagnóstico clínico al definir más estrechamente algunas de las etiologías. Así mismo, esta multiplicidad refleja el carácter de afectación difusa de las estructuras del SNC implicadas en los procesos cognoscitivos.

Repercusión sociolaboral

El grado de afectación intelectual existente en la demencia tiene que ser de suficiente intensidad para interferir con el rendimiento laboral del paciente, en su vida social o en sus actividades cotidianas, produciendo una limitación de las mismas y una dependencia de otras personas. Por ello, sólo se debe diagnosticar demencia cuando la pérdida de la función intelectual sea suficientemente grave como para interferir en la actividad socio-laboral con independencia del deterioro que puede ser muy variable. La repercusión social depende de la tolerancia del medio y de los condicionantes sociales que varían según las culturas y edades. Este criterio nos obliga a conocer el nivel previo de adaptación y desarrollo del paciente. En los casos leves la repercusión será únicamente a nivel de las actividades complejas mientras que en las formas ya evolucionadas o severas esta repercusión llega a afectar a las Actividades básicas de la Vida Diaria (AVDb), a la capacidad de autonomía o a su adaptación al medio social. La necesidad de que el deterioro cognoscitivo repercuta sobre las actividades sociales y laborales tiene la connotación negativa de que en las primeras fases o iniciales de este síndrome no se llegue a diagnosticar a una persona de demencia por la falta de este requisito. Este apartado tiene una implicación que se sale del campo puramente de la medicina y es la posibilidad de que un paciente, en función de la existencia o no de alteraciones de su vida socio-laboral, con el mismo o incluso menor grado de deterioro intelectual sea en un caso diagnosticado de demencia mientras que en el otro no lo sea al no presentar dicha repercusión. De este modo, es comprensible que p.e. un ejecutivo o un profesor universitario con un déficit intelectual leve-moderado presente una mayor dificultad para desarrollar sus actividades profesionales al ser más exigentes mientras que un operario de una cadena de montaje con idéntico deterioro a nivel intelectual no presente repercusión laboral y pueda seguir desempeñando correctamente su trabajo habitual, por lo que en el primer caso sería diagnosticado de demencia pero no en el segundo. Es decir, la desadaptación no es ni objetiva ni uniforme dado que cuando el estrato social al cual pertenezca el paciente sea muy exigente esta desadaptación se producirá con deterioros cognoscitivos muy leves mientras que en niveles culturales poco exigentes (ej. medio rural), sujetos con un deterioro cognoscitivo más importante que en el primer caso puede no mostrar ningún grado de desadaptación o incapacidad para su trabajo habitual o relación social. Sin embargo, este criterio tiene también aspectos positivos al permitirnos analizar la existencia o no de deterioro de una persona respecto al nivel previo del paciente, que para el médico suele ser desconocido, a través del análisis de la repercusión sobre las actividades socio-laborales habituales del paciente y nos permite tener un parámetro de referencia del déficit existente en el momento del estudio. Además, esta repercusión nos permite establecer un grado objetivable aunque personal del déficit mental. Este concepto de severidad no está implícito en algunas definiciones de demencia dado que en las fases iniciales suele no existir tal grado de severidad. Para analizar la repercusión sobre la actividad sociolaboral y en definitiva el grado de dependencia, además de la anamnesis, tenemos una serie de Escalas como la Escala de Deterioro de Blessed, el Clinical Dementia Rating (CDR), la Escala Global de Deterioro (GDS), etc. que nos permiten valorar de una forma objetiva y cuantificable dicha afectación. Esta graduación de la severidad de la demencia fue aconsejada por el DSM-III-R ya que el DSM-III no lo incluía.

Conciencia normal

Es necesario que el paciente tenga en el momento de la realización del estudio de las funciones mentales para el diagnóstico de demencia un nivel de conciencia normal que permita la valoración correcta de las mismas. Por ello, antes de evaluar la posible existencia de déficit cognoscitivo en un paciente debemos descartar la existencia de una alteración del nivel de conciencia dado que los cuadros en los que se encuentre la conciencia disminuida como el estupor, confusión, obnubilación, etc. producirán una alteración en la exploración de las funciones intelectuales con el resultado de un falso diagnóstico de demencia. También deben descartarse otras anormalidades clínicas que alteren la adecuada evaluación del estado mental. No obstante, la demencia puede coexistir en su curso evolutivo con un síndrome confusional agudo o delirium ya que la conciencia puede afectarse en estos pacientes, incluso de forma más frecuente e intensa que en sujetos sanos y por factores etiológicos menos graves, señalando la presencia de un problema físico, psiquiátrico o social. Por ello, el síndrome confusional agudo y la demencia no son estados fijos sino que son procesos evolutivos e incluso frecuentemente coincidentes. En resumen, para realizar el diagnóstico de demencia el paciente debe presentar un nivel de conciencia normal aunque a lo largo de su curso evolutivo puedan coexistir ambos procesos.

Aunque el screening de la demencia se debe realizar a partir de la historia clínica detallada existen una serie de test que valoran el deterioro cognoscitivo y permiten hacer dicho screening como son el Minimental State de Folstein (MMS), el Mental Status Questionaire, la Escala de Blessed, el Short Test of Mental Status, etc.

Esta definición nos diferencia claramente la demencia de la senescencia y cambios cognitivos asociados a la edad, del Deterioro Cognitivo Leve, del retraso mental u oligofrenia, del Síndrome Confusional Agudo (delirium), de los trastornos neuropsicológicos focales (afasia progresiva, apraxia, amnesia, síndrome frontal, etc.) o de las alteraciones psiquiátricas primarias (pseudodemencia) como la depresión, simulación, histeria, esquizofrenia, etc. Sin embargo, dentro de este concepto de demencia se deberían desglosar otros como demencia vascular, demencia cortical, demencia subcortical, etc. que debido a su difusión y amplio uso tienen entidad propia definida.

Bibliografía

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8. FRIEDLAND R. Dementia. En: Evans J.G. y Williams T.F. Oxford Textbook of Geriatric Medicine. Oxford University Press. Oxford. 1992; 18: 483-489.

OTRAS DEFINICIONES

"Déficit progresivo de la actividad mental, en ausencia de alteraciones de la conciencia, secundario a una patología cerebral orgánica y que ocurre en la edad adulta" (Bracco, 1985).

  • "Déficit progresivo de la actividad mental, en ausencia de alteraciones de la conciencia, secundario a una patología cerebral orgánica y que ocurre en la edad adulta" (Bracco, 1985).
  • "Declinar de la memoria y de otras funciones cognitivas, en comparación con el nivel previo de dichas funciones en el paciente y determinado por la historia, la exploración clínica y los test neuropsicológicos" (McKhann, 1984).
  • "Deterioro de múltiples habilidades cognoscitivas que exceden al declinar esperado con el envejecimiento y que ocurre en un estado de conciencia clara" (Chui, 1989).
  • "Afectación global de las facultades intelectuales, emocionales y conativas del individuo en un estado de conciencia no alterado" (Roth, 1980).
  • "Debilitamiento psíquico profundo, global y progresivo, que altera las funciones intelectuales y desintegra las conductas sociales" (Ey, 1992).
  • "Síndrome debido a una enfermedad del cerebro, generalmente de naturaleza crónica o progresiva, en la que hay déficits de múltiples funciones corticales superiores, entre ellas de la memoria, el pensamiento, la orientación, la comprensión, el cálculo, la capacidad de aprendizaje, el lenguaje y el juicio" (CIE-10).
  • "Síndrome mental orgánico caracterizado por un déficit de la memoria a corto y largo plazo, asociado a un deterioro del pensamiento abstracto, de la capacidad de juicio, y otras alteraciones de las funciones corticales superiores o a cambios de personalidad, siendo esta alteración suficientemente grave como para interferir de forma significativa con las actividades laborales y sociales y las relaciones interpersonales" (DSM-III-R)

Otros términos sinónimos para la demencia:

  • Abiotrofia,
  • Amencia,
  • Psicosis orgánica,
  • Síndrome orgánico cerebral,
  • Parakepsia,
  • Dismentia,
  • Degeneración cerebral senil,
  • Psicosis atrófica senil,
  • Involución cerebral senil,
  • Síndrome psicorgánico de la senilidad,
  • Deterioro Cerebral Orgánico, etc.

Conceptos clave en la definición de Demencia

  • Síndrome
  • Orgáinico
  • Adquirido
  • Deterioro
  • Persistente
  • Global
  • Repercusión Sociolaboral
  • Conciencia normal